3 jul. 2009

QUIZU YUPANQUI VERSUS FRANCISCO PIZARRO EN LIMA (1536)

Quizu Yupanqui fue uno de los paladines de la reconquista incaica.
Dibujo: Municipalidad de Lima


Quizu Yupanqui contra Francisco Pizarro en la batalla de Lima

(agosto de 1536)

El general Quizu Yupanqui y 25 mil soldados incas llegaron a las afueras de Lima a fines de agosto de 1536. El objetivo era destruir la nueva ciudad española y arrojar al mar a sus 400 barbudos. Al pie del cerro San Cristóbal, antes iniciar el ataque, arengó a sus hombres:

- Nuestro amado rey Manco Inca nos ha confiado la gran tarea de destruir a estos demonios sungasapas (barbudos) que están matando a nuestra gente y saqueando nuestros pueblos. El gran Yaya Inti (Padre Sol) será testigo de nuestra memorable hazaña.

Uno de los mejores guerreros cusqueños, el capitán Illa Túpac, respondió:

- Lo hemos jurado por nuestros wakas (dioses) y por nuestro Sapa Inca, todos estamos dispuestos a ofrendar la vida si es necesario.

En ese momento, Quizu Yupanqui levantó la unancha, su gran estandarte multicolor, y lanzó el grito de guerra:

- ¡Al mar a los barbudos!

Un bosque de banderas tahuantinsuyanas cubrió a los guerreros de bronce, quienes marcharon hacia la capital de Francisco Pizarro con un terrible coro que retumbaba en los oídos de los cristianos:

- ¡Al mar a los barbudos, al mar a los barbudos, al mar a los barbudos!

Dispuestos a matar a todos los cristianos o morir en el intento, los miles de aucarunas salieron de las faldas del cerro San Cristóbal divididos en tres frentes: el centro con Quizu Yupanqui, el norte con Illa Túpac y el sur con Puyu Vilca.

En Lima Francisco Pizarro ubicó a sus hombres en puntos estratégicos, rodeados con miles de indios amigos, entre quienes destacaban los yungas, los huancas y los huaylas. Además, confiaba en la inminente llegada de refuerzos hispanos y de tropas de indios chachapoyas, feroces enemigos de los incas.

Cuando empezó la lucha ambas fuerzas estaban separadas solo por el río Rímac. Durante 5 días los rebeldes arrojaron una multitud de flechas y piedras sobre los españoles que se guarecían en tapiales de adobe especialmente construidos para su defensa. Los cristianos respondieron con muchos tiros de arcabuz y sus aliados con una lluvia de flechazos. La caballería se mantuvo a la espectativa de una posible incursión de los atacantes.

Al sexto día Quizu Yupanqui decidió el ataque final sobre Lima. Antes de cruzar el río se dirigió a sus tropas:

- Yo quiero entrar hoy en el pueblo y matar a todos los españoles. Tomaremos a sus mujeres y nos casaremos con ellas. Los que fueran conmigo irán bajo esta condición: si yo muriese mueran todos, y si yo huyere huyan todos.

Todos estaban decididos, y con un aterrador griterío empezaron a vadear el río, bajo el fuego y las flechas del enemigo.

Centenares cayeron en el Rímac, miles murieron en las primeras horas del violentísimo choque. La lucha cuerpo a cuerpo fue sanguinaria. Los flechazos y lanzadas de los atacantes resbalaban sobre los cascos y corazas de los españoles, pero arrasaban con sus indios auxiliares.

Desde el barrio de Santa Ana -actual Barrios Altos- Quizu Yupanqui y los rebeldes avanzaron lentamente, cuadra por cuadra, combatiendo sin temor contra los mortíferos pelotones de caballería. Por el actual jirón Junín, el general cusqueño avanzaba montado en una litera y esgrimiendo un lanza.

Los escuadrones incas de la vanguardia peleaban con ferocidad y destreza con sus porras y lanzas, pero eran diezmados por los infantes y caballeros que los herían y mataban sin piedad alguna. En todas las calles cercanas a la Plaza de Armas se luchaba sin descanso, con ferocidad y rabia por ambos lados. El fuego y hierro de los españoles arrasaban con muchos aucarunas. Los escuadrones de caballería hacían demasiado daño en los guerreros indígenas, que no dejaban de pelear con ánimo invencible.

La batalla era más cruel y feroz que nunca, y Quizu Yupanqui luchaba a pocos metros de la casa de Pizarro, cuando un escuadrón de 60 jinetes arremetió contra el batallón que lo rodeaba. En esta violentísima embestida murieron muchos nobles capitanes rebeldes. En ese decisivo momento uno de los caballeros llamado Pedro Martín de Sicilia se acercó temerariamente al general incaico y le incrustó su lanza en el pecho, haciéndole caer sobre los demás guerreros que yacían desangrados.

La muerte del gran apuquispay fue un golpe demasiado duro para los atacantes, y llenó de júbilo a los españoles. La irreparable pérdida hizo que las tropas rebeldes se replegaran hacia el cerro San Cristóbal. Cuando curaban sus herídas y reponían fuerzas para una segunda ofensiva, se enteraron de la llegada de centenares de refuerzos cristianos y de los indomables chachapoyas para la defensa de Lima.

Los capitanes cusqueños Illa Túpac, Puyu Vilca, Paucar Waman y Yamki Yupanqui acordaron la retirada rumbo a la sierra central, por las rutas de Canta y Huarochirí. En las alturas andinas tendrán otras oportunidades para cubrirse gloria, como Quizu Yupanqui.